Error, digo… fallo de la Primera Convocatoria Ediciones con Tinta Ebria

Ediciones con Tinta Ebria es un proyecto de parceros, a quienes nos une más la amistad que la literatura. Creemos más en la vida que en la poesía, si es que estas dos cosas no son lo mismo. Si decidimos hacer un concurso no fue por premiar las mejores obras presentadas, sino por tener una excusa para conocerlos y brindar con ustedes. Los concursos literarios, como los concursos de belleza, son azar y rosca, farsa y suerte. Acá premiamos los mejores textos presentados, ustedes preguntarán: ¿los mejores para quién?… nosotros decimos: los mejores para un jurado sin importancia… así que los ganadores no se crean mucho. Y los perdedores… (¡momento!): ¿acaso hay algo más perdedor que escribir poesía?…

Finalistas

Poesía

Alejandra Pascagaza – Horrible línea sin retorno – Bogotá

Alexánder Martínez – Antes de la oscuridad – Soacha

Golondrio Gorgona – Fragmentos de una ópera power violence – Chile

Javier López – El vino – Argentina

Sergio Muñoz – Las medias de la tarde  – Popayán

Lola Gutiérrez – Abro una naranja… – Argentina

Maikol Rojas – Elegía a la juventud –  Villavicencio

María Guadalupe Lara Gutiérrez – Ceniza – México

Diego Fernando Gallo – No quiero que me publiquen – Bogotá

Primer Premio: Alexánder Martínez

 

Cuento

Andrés Eduardo Zárate Orjuela – Adelita – Bogotá

Cristian López – Voyerismo Gatuno – Cali

Daniel Felipe Ávila Barreto – El tiempo – Bogotá

José Luis Machado – No sólo poses – Uruguay

Julián Camilo Pérez – El cuadrilátero – Medellín

Lina Zarama Villamizar – Por decir adiós – Bogotá

Miguel Bayona – I like – Bogotá

Andrés Rodríguez  – El hombre, su trastorno mental y su gran amor…

Francisco Robledo Bizarro – La amistad es un chulo que te pincha un poquitín para que no sufras – México

Primer Premio: Andrés Eduardo Zárate Orjuela

11225165_439359706256537_1691065279848650990_n

Anuncios
Error, digo… fallo de la Primera Convocatoria Ediciones con Tinta Ebria

Recuerdo nocturnos

 

El olor de tu nombre

En mi almohada.

Tu calor explotó la luna

Entre mis brazos.

Mil cigarrillos como luciérnagas artificiales

Y tu sombra tatuada en mis parpados.

Las lágrimas

Brotan de tus dientes

En mi sexo de palo.

Sexo con olor a ti:

A un nombre

Que no recuerdo.

Ya no me baño.

 

Ilustración por: Daniela Castellanos Giraldo
Ilustración por: Daniela Castellanos Giraldo
Recuerdo nocturnos

Ella

 

Ella se viste en la palabra,

En el nombre de un hombre

Que intenta crear con papel, sueño, babas, uñas

Y sangre.

Ella se viste de hombre.

Ella quiere ser diferente a todos los demás:

Como todos los demás.

Ella le da la razón a la razón

En papel regalo.

Ella nunca se emborracha

Ni de amor ni de nada.

Ella es ego con gafas.

Dice que me ama.

 

Ilustración por: Daniela Castellanos Giraldo
                                     Ilustración por: Daniela Castellanos Giraldo
Ella

Igual que ayer

A Mauro

Cuando niños escribíamos mensajes en servilletas dulces,

Mensajes con los lápices de los títulos: rojos; sonrojados.

Nos reíamos porque Marcela se ponía dos días seguidos los mismos calzoncitos amarrillos,

Imaginábamos su olor en el rincón                                         de los vagos.

Y la profesora regañaba a nuestras amigas por usar la falda

Cuatro dedos arriba de la rodilla

Mientras las mirábamos, cuatro escalones abajo.

Y esos primeros besos que eran un regalo…

Esos primeros besos que compartíamos,

Como el bon bon bum que nos robábamos.

El campamento y las tetas se cogen en la oscuridad.

El chismógrafo y la mancha de chocolate al lado de la pregunta: ¿eres virgen?

Cuando probé el cigarrillo de la boca de la niña de once que nos gustaba

Y las cachetadas que me gané por tocar nalgas sin lavarme las manos.

¿Recuerdas?…

¡Si lo recordaras no estarías espiando las mujeres en el otro baño!

Ilustración por: Daniela Castellanos Giraldo
                         Ilustración por: Daniela Castellanos Giraldo
Igual que ayer

Diario de un día

 

He venido a tirarme al abismo donde dicen que queda la locura, para comprobar luego que la muy puta está en el cielo, donde los pies descalzos de los sueños caminan entre los clavos de humo que quiebran las sonrisas de los niños cuando entran a estudiar. E intento saltar alto pero no puedo, inevitablemente la gravedad me ha anclado como un pez-piedra al fango de la cordura; la gravedad del asunto, me refiero, ¿cuál asunto?… no poder comer de las bolitas-palabras que salen de las bocas de profesores de física-mierda.

El colegio inevitablemente —otra vez— te aburre, te hastía como la sal… pues nos gusta de a poquitos, como goticas en una piscina,  pero nos dan mares y playas de 8 horas diarias y en China no se pueden quejar y aquí tampoco.

Nos han ahorcado las ilusiones con una corbata: todos los uniformes tienen incluida su respectiva camisa de fuerza. Pero la vida y la muerte que, en definitiva, son lo mismo, no tienen preferencias: el mundo entero suda sangre trabajando según lo impuso la organización mundial del trabajo: todos a fabricar bombas, unos grandes, otros pequeñas.

Y los pájaros en sus jaulas,  los sabios en sus manicomios… y las ratas de alcantarilla cazando pobres para su almuerzo… y yo aquí: al borde del abismo; mientras el señor presidente, en su baño presidencial, busca religiosamente entre la mierda la figura de Jesucristo y el croquis del mapa de Colombia… ¡y lo encuentra!… ¡y, lo peor, dice que es buena suerte!

Y pienso que la Muerte, como el tigre, no es como la pintan: la Muerte es una niña que se divierte apagando velitas de las que venden en los semáforos los 7 de diciembre.

Y no aguanto un líder más, un profeta más, un libro más, un falso héroe: todos tenemos el corazón de ceniza.

Quizá mi cadáver sonriente decore mañana los periódicos amarillistas.

gri
                               Ilustración: Janusz Grabianski
Diario de un día

Alas blancas

El niño tira piedras alérgicas a manzanas, piedras colgadas en algún árbol con hojas de fuego. Acarician el suelo, saltan como haciendo sapitos en un río de cemento. Una se va de largo sobre el ala de una paloma blanca, se la quiebra: la paz no tiene escoltas ni chaleco antibalas.

El niño se arrepiente, sus ojos se llenan de ceniza. Le ha cagado la cara a la paloma: qué mala suerte. Algo hay que hacer. Recogerla, remendar el billete de sangre roto. Paloma suave, algodón de plumas. Habrá que llevarla a casa, darle maíz y agua… ¿será caníbal si come maíz pira?

Todo comienza mal. Hay senos donde debiera haber frutas. Jugo con leche caliente.

Las madres comparten los pecados con sus hijos, las vírgenes son las madrinas de los asesinos.

Palabras suaves de agua apagan el odio. Surge el amor del vientre de la noche. Noche mística de alas curadas. De puertas abiertas.

La paloma se acurruca en los hombros del niño que mira el cielo. El niño se ríe con los ojos llorosos mientras ve cómo la paloma vomita una manzana y vuelve a volar.

alas_blancas_converted
                                                                 Obra: René Magritte
Alas blancas