Los poetas muertos y el septimazo

Las soledades amontonadas viajan hacia la estación de Museo Del Oro… robado, en un bus con estomago de plástico y ruedas calientes que aplastan el pavimento rompiéndolo como si estuviera hecho con medias negras de Bugs Bunny llenas de betún, “a mil las medias”… —y ese olor a navidad: a vino espumoso de ancheta, ven, ven ven, ven a nuestras almas Jesús ven, ven ven—… La lluvia negra percudida de humo, cigarrillo para el dolor de garganta, ¿es aquí o qué?

Noche ebria, viejitos con cara de peones jugando ajedrez con otras antigüedades para poner en jaque al aburrimiento, la calle es campo de batalla, perdí mi diccionario debajo de un sueño que no recuerdo; crucemos la séptima jugando golosa, de piedra en piedra… Veamos: chance, la biografía inédita de Uribe, “sólo me hago la paja con la mano DERECHA”; monedas de chocolate, “regáleme una”, “tome”, “entonces cuánto quiere”, “coma mierda de pájaro copetón”

Cuántos pasos da el tiempo en el reloj, no se marea, el cielo vomita, Drogas La Rebaja. Se me apagó el cigarrillo, “no me mire así que no la conozco”, “ah… me va a regalar candela”, “préndelo con el calor de tu lengua… roja”, “no se vaya”, “venga… seamos-amigos”, “ábrase; entonces”

Estoy cansando. Me voy a subir en un avión de papel, en un barquito, si hubiera aprendido a hacerlos… a hacer el amor con mi sombra. Una canción para mi empanada, roja no rosa, estoy cansado; alacranes de icopor, qué es eso, carne de alacrán… vagabundear y de nada ser culpable, vagabundear es una buena opción, vagabundear cuando tu vida se quiebre en dos… audífonos para las señales de tránsito; la bicicleta robada, de la película, apareció; número de celular: 1022…

Planetario, editorial planeta, estrellas literarias, cuántos amigos tiene que tener un poeta: ninguno, un dios muerto. Se me acaba el oxígeno… beso un árbol, listo.

Lo barato sale caro, una cara bonita hace las cosas baratas. “Cuánto vale el Old John”. Nadie llega, monedero roto, sus cuchillos son los dientes de las moscas enfermas, “gracias”.

Un sorbo, dos, copas rotas, qué hace aquí Darío Lemos… “no me venda poemas”, “con los amigos se tienen secretos, no negocios… ¡ya se le olvidó!”, “qué le dijo Gonzalo de Bogotá”, “ah, nevera hijueputa”, “y Amílkar se murió ahogado, sí vio que nadaísmo no venia de nadar”, “qué tiene este trago que me hace ver ‘cosas’”, “no se vaya”… NO PIENSE ENTONCES… “esperando un amigo”, “para subir a la universidad”, “no me acuerdo”, “no pregunte tanto”, “qué es estar muerto”, “vacaciones indefinidas”, “¿y tu pie?”, “se fue corriendo”… mmm… “Adiós Darío”, “venga, que se le cayó un papel”… “su poema, Darío”… se desapareció detrás del pie…:

 

Hoy resucitan los poetas colombianos

—que se hicieron los muertos—

Para darse un séptimazo;

Si lees esto

Quiere decir que ya estoy corriendo

A salvar a Silva, el poetica bogotano,

Porque si ve su cara en un billete de cinco mil

Se mete otro balazo.

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                Imagen: José Asunción Silva
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