Alas blancas

El niño tira piedras alérgicas a manzanas, piedras colgadas en algún árbol con hojas de fuego. Acarician el suelo, saltan como haciendo sapitos en un río de cemento. Una se va de largo sobre el ala de una paloma blanca, se la quiebra: la paz no tiene escoltas ni chaleco antibalas.

El niño se arrepiente, sus ojos se llenan de ceniza. Le ha cagado la cara a la paloma: qué mala suerte. Algo hay que hacer. Recogerla, remendar el billete de sangre roto. Paloma suave, algodón de plumas. Habrá que llevarla a casa, darle maíz y agua… ¿será caníbal si come maíz pira?

Todo comienza mal. Hay senos donde debiera haber frutas. Jugo con leche caliente.

Las madres comparten los pecados con sus hijos, las vírgenes son las madrinas de los asesinos.

Palabras suaves de agua apagan el odio. Surge el amor del vientre de la noche. Noche mística de alas curadas. De puertas abiertas.

La paloma se acurruca en los hombros del niño que mira el cielo. El niño se ríe con los ojos llorosos mientras ve cómo la paloma vomita una manzana y vuelve a volar.

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                                                                 Obra: René Magritte
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Alas blancas

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