Basuco y otras des-apariciones

Desaparecer hombres

Es el acto favorito

De los magos

En el circo del poder

 

¿Ha probado usted el basuco?… no me haga esa cara: responda. No se vaya a ir que no le va a pasar nada. Mire que le quiero contar una historia, escuche, no le ponga cuidado a la lluvia: mójese un poquito, mire los niños cómo no le tienen miedo al agua.

Estábamos en la L, qué… ¿que no sabe dónde es?… en una casa semidestruida y solitaria. Un bombillo rodeado de moscas iluminaba las paredes… o lo que quedaba de ellas (nos habíamos fumado la mitad de los ladrillos) dejando ver algunos grafitis muy coloridos hechos por raperos. Éramos diez, más o menos, guiados por la sombra temblorosa del basuco por el camino sin curvas de la muerte. Fumándonos la noche en una pipa. Sintiendo cómo la noche palpitaba en nuestro corazón… porque fue en la noche, bien entrada: como a las doce, que escuchamos afuera los gruñidos de una camioneta abriendo la puerta a patadas. Entraron una mujer, y cinco o seis hombres, haciendo mala cara. O no hacían nada: era natural en ellos: ¿quién no va a tener esa cara cuando la conciencia se le ha vuelto un cementerio?

“¡Se me salen de aquí chirris hijueputas!”. Disparos ahogan el aire. ¡Cómo no! Miedo: basuco al cuadrado. Salimos corriendo. Tropecé y caí de culo al lado de ellos. Qué… ¿que quiénes son “ellos”?… ahora la muerte, ¡puta vida!… la muerte sacó un pañuelo y me secó los ojos: “¿se quiere ganar 50 luquitas o qué?”… vuelvo a atravesar el útero como un tobogán: “claro, señor, claro”. Me pasaron dos arrumes de periódico y pegante: tenía que cubrir todas las paredes, el piso y el techo, de la casa, con ese papel.

Afuera se emborrachan y planean lo que van a hacer… no: yo no sé. Fue rápido. Cuando ya había caminado unos cuantos pasos, uno de ellos me llamó y me dio un billete de cincuenta mil nuevo, al que le alumbraban los bigotes de Jorge Isaacs… ¿no conoce a María?… “¡Se me va de acá!”. Gritaron.

Ya, lejos, vi que sacaban de la parte de atrás de la camioneta tres personas amarradas. Sí… en serio. Dolor: burbujas de sangre explotan en sus caras. Galones con sufrimiento… no sé; utensilios de cocina, de medicina, moto… cerraron la puerta…

Desde ese día siempre me acompaña esa misma pesadilla.

Que no lo ha probado… menos mal.

 

16

Anuncios
Basuco y otras des-apariciones

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s