Cielo para pájaros en llamas de Diego Granda

Uno coge la novelita de Diego y lo primero que siente es ansiedad, esa ansiedad que se produce cuando uno va a destapar una botella de aguardiente un lunes o un martes porque es como si estuviera haciendo algo mal. Hay riesgo. Sin riesgo no hay libertad. Se comienza a leer y comienza la borrachera. Y se da uno cuenta que la novela no es novela, pero tampoco es que no lo sea, sino que es más poesía que novela: que es más vida que papel.

            Entonces uno se sumerge y siente ganas de aspirarse todo el color blanco del mundo. De dejar el mundo sin nubes ni palomas jugando en esas nubes. Se aprende que el amor es la única forma de mamarle gallo a la muerte, que los sueños son la realidad, porque la “realidad” es una pesadilla impuesta; que en la poesía está la forma de trascender lo cotidiano, que el asesino es un pequeño poeta que se equivocó de víctima, que difícilmente se puede estar pleno y sobrio al mismo tiempo.

            Cielo para pájaros en llamas, es un libro sencillo, que apuñala el narcisismo, un libro que escribió alguien con el que usted se puede sentar a tomar vino un lunes o un viernes. Al que usted le puede decir su novela es una mierda y no se va a ofender. Sino que enterrará esas palabras bajo un árbol para que crezca más. Este libro es una semilla donde surge dinamita. Un pedito en la cara de la sorda literatura colombiana de hoy.

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Cielo para pájaros en llamas de Diego Granda

Reflexiones sobre la taza del baño

 

Las ganas de cagar no respetan ninguna norma, son inmorales, nos dan en todas partes. Cualquier ley sirve para limpiarse el culo. Comemos y cagamos simplemente: la vida es la distancia que hay entre el baño y la cocina.

La ciudad es un gran baño público. Lo pienso ahora que me ha cogido la cagada del siglo. De este siglo, el XXI, donde se matan enviándose cartas repletas de ántrax por correo electrónico.

Uno no se puede quedar viendo los zapatos del que está en el baño del lado todo el tiempo, escuchando cómo su cuerpo interpreta esa música visceral: hay que leer, o recordar alguna canción… Grítale al diablo…

Las puertas están rayadas con mierda de todos los colores: como la revolución es una fiesta siempre estamos borrachos, mujer busca hombre que la tenga de 28 centímetros favor llamar a… y está tachado el número… a la policía. Escribe Otro.

Pero es imposible desconcentrarse en este sitio. Los mejores lugares para filosofar se encuentran al lado de la mierda: los baños y los buses. Anotemos eso:

Los mejores lugares…

Y esos zapatos cafés, de cordones negros, cordones-condones-vírgenes-sin-usar: que no conocen la UPJ. Un amigo quería conocer las personas a través de los zapatos, inducir la personalidad desde abajo, ahora tiene un montón de fotos llenas de pecueca.

Qué podría decir del dueño de éstos: Que caga como si hubiera comido pólvora con espinacas, pero… ¿qué más?… que lo disfruta mucho porque sube las puntas de sus pies recostándolas en sus talones como en un orgasmo… y que debe tener un gran barro en la punta de su nariz, grasoso y sangriento. Me da risa pensar eso, no sé con qué lo relaciono: el psicoanálisis es oficio de toreros.

Los zapatos se fueron. Termino de cagar. Me limpio el culo con el parcial de ayer. Salgo. Mojo mis manos para que digan que me las bañé. Lavo mi cara. Corro, miro la hora, maldita sea voy tarde a… me tropiezo con un volcán que vomita sangre.

Reflexiones sobre la taza del baño

Con Tinta Ebria

 

Nosotros queríamos una banda de rock and roll, pero escribimos poemas… ahí está la viva muestra de que todo lo hacemos mal. Pero eso no importa, aquí estamos y no existimos. Aquí ponemos las cosas que nacen con cada sorbo de whisky barato o que por lo contrario se mueren. Olemos a cigarrillo porque somos el cenicero del mundo y nuestros pulmones están tan negros, como la tinta de esos bolígrafos que no eran nuestros pero se quedaron con nosotros y crearon esto: nada. Tenemos los zapatos rotos como nuestras palabras y eso no entristece, así balbuceamos cada paso.

            Nosotros cogimos de parche a la muerte o ella nos cogió de parche a nosotros, da lo mismo. De todas formas nos emborrachamos por decencia a nuestra realidad que pesa como un putas, ¿pero qué es la decencia? Si nosotros no tenemos plata, no tenemos viejas. Las únicas personas decentes en este país, son los pequeños traficantes de drogas, la gente del rap conciencia, un auxiliar bachiller (otro ñero pero con plan de datos), las putas gordas y esos poetas de boina, barba y que fuman peche (son más putas que las anteriores). Nosotros no somos decentes porque fumamos Mustang azul.

            La amistad es lo único que nos queda y está enferma… pero la cuidamos: le damos de comer mierda y de beber Old John, Capus Club, Vinaja y otras cosas que no valen más de $15.000, pero no Eduardo Tercero (no hay que ser chirretes tampoco, el único Eduardo que nos gusta a lo mucho es Eduardo Escobar) y es que la poesía es nuestro bazuco por eso hay que mandarla a la mierda, mi mamá quiere que me rehabilite y por eso no recibe mi libro de poemas. Somos La Tinta Ebria y no vamos a pedir disculpas por las molestias, de todas formas somos amigos ante todo.

Jonatan Jiménez

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Con Tinta Ebria