Cotidiana

 

I

Cepillar los dientes del día

Escupir sangre con vidrios…

Cagar, limpiarse el culo,

Y botar el poema en la poesía.

 

Ser espejo,

Donde algunos bobos

Anudan su corbata.

Ser un aro de humo de cigarro:

Círculo vicioso, ineludible.

Ser, en definitiva, silencio:

El grito de la muerte.

 

Querer cambiarlo todo

Cogiendo el mismo bus.

Amar el mismo cuerpo

Imaginando otra noche,

Que no sea —¡oh, noche!

El negro de los ciegos…

Un premio distinto a más vida

Para el cuerpo de hoy:

Cadáver de ayer

Y de mañana.

 

II

Pensarse en el umbral donde muere el día,

Con la joroba ancha

De palabras reprimidas

Y un montón de puños

Rompiendo el aire vanamente.

Y saber que no hay inocentes,

Que la venganza es un dolor dulce,

Una sombra arqueada en propia sangre…

Estas ganas de vivir, frustradas

Por el revólver que se ríe

En mi cabeza.

 

III

Los días,

A pesar de sus máscaras,

Nos parecen iguales:

El sol les ha quemado la cara.

Ya han hablado de más

—Escondiendo el destornillador en el bolsillo—

De lo mal hecho que está el mundo

Y está de más repetir toda la poesía:

Ese botadero de palabras irreciclables.

Pero se trata

De los hombres de siempre:

Esos que duermen

En los buses

Y sueñan con bombillos

Y con una Coca-Cola —claro

Para la sed.

 

Cotidiana.jpg
                                                                         Obra: Tomasz Alen Kopera
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Cotidiana

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