Presentación de un N.N.

 

I

Siempre me gustaron

los Súper Campeones

Los veía todos los sábados

a las tres de la tarde

en el televisor de la casa

que era el único que había en toda la vereda

 

Era muy chévere:

sudando nos sentábamos

Después del partido

Mis primos, mis vecinos y el balón

Pues sabíamos que él también era nuestro amigo

 

Un día, cuando llegamos de jugar

Ni mi mamá ni mi papá estaban en la casa

y del televisor surgió una lluvia de moscas

que nos cubrió los ojos

No sabíamos qué pasaba:

el cielo se tornó rojo

y de las nubes surgieron burbujas de sangre

que explotaron en el rostro del cielo

De la calle un ruido negro

—y no me digan que no llore—

subía el telón

y dejaba ver la noche:

ellos también jugaban

a los Súper Campeones

y el balón      —su amigo

era la cabeza

de mi padre.

 

II

En el colegio

todos nos la llevábamos muy bien

A pesar de que el gordo

El más grande de todos

Era un poquito alzado

 

A veces no nos gustaba estar con él

y en una parte se lo merecía:

en la que nos hacía bataneo

cuando jugábamos a las canicas

o le pegaba a los más pequeños

Pero en el fondo lo queríamos mucho

por eso nos dolió tanto

cuando su mamá nos dijo

que se lo habían llevado

para el monte

la tarde en que dios olvidó

que también había sido niño.

 

III

Cuando unos hombres armados

Con la muerte en sus miradas

Nos sacaron de la cancha de fútbol

nos tocó vivir en Bogotá

y para el que no sabe cómo es

se la voy a describir:

Bogotá es una ciudad muy fría

pero no me refiero al clima

porque —y no me vayan a decir que es bobo—

para eso hace tiempo se inventaron la ropa gruesa

y las cobijas

Bogotá es fría

porque la gente tiene un cementerio en el corazón

Viviendo en esta ciudad

uno se da cuenta que las personas

cuando ven las noticias

A la hora del almuerzo

Piensan que están en el cine

y creen que todos los muertos

no son de verdad

Como si mis hermanos y mi padre

fueran sólo números

en el plano cartesiano de la lluvia.

 

IV

Por eso les digo

que en este juego

somos sólo monedas

que otros apuestan

pero nunca alguien gana

Porque nadie sabe

cuántos amperios tiene

la resistencia en Colombia

que se emborracha

con rayos destilados

Ni qué pensará

Esa gente que no puede dormir

Aunque se quite zapatos, corbata

y consciencia

cuando llega a la casa

Pero nadie sabe

—sobre todo—

lo que es ésta soledad

de tener tierra en los ojos y en la boca:

Haber olvidado el nombre.

 

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