Cometas y otros animales voladores

 

¡Tan! ¡Tan! ¡Tan! Salta la piedra-grillo, haciendo un tresillo, sobre las tejas de lata: me despierta. Mis amigos deben de estar reunidos ya afuera de mi casa. Me paro con el pie izquierdo y voy al lavadero a quitarme la noche y las babas de la cara; me pongo mis tenis blancos recién lavados y salgo a la calle.

El día tiene una luz acre y rojiza, la mañana está vestida de pantaloneta. Nos saludamos como siempre: chocando las manos, bailando un poco —desperezándonos— y fumando cigarrillos imaginarios que tiramos al suelo y pisamos como matándole un piojo al mundo.

¿Cómo lo trato la noche? ¿Sí lo dejaron dormir los mosquitos? ¿Sí supo que anoche le dieron piso a Scary?…

Tenemos planeado para hoy ir a La Loma, arriba de mi casa, a atrapar algunos animales y jugar con ellos, porque por acá no hay mucho que hacer. Subimos caminando, lento, nos miramos, bromeamos con la muerte de Scary. Él es un muerto, a pesar de tantos en Colombia, singular: lo habían intentado matar cinco veces, se salvó tres y las otras dos supuestamente lo habían matado: fuimos todos al entierro las dos veces y después lo volvimos a ver en la calle como si nada, con la cara desfigurada pero como si nada, en silla de ruedas pero como si nada, convertido en cristiano pero como si nada…

El cielo está hermoso: azul profundo, nubes blancas soñadoras, y el sol no tiene camisa de fuerza: se desplaza por el horizonte libremente. Se puede respirar de forma tranquila… ¡ojo pisa mierda!… el aire que nace de los pulmones de los grandes pinos que escalamos. Se escucha con claridad el coqueteo de los copetones amanecidos que vuelan encima de nosotros y hacen el amor arropados por la lluvia que comienza a refrescarnos suavemente.

En la cima de la primera montaña, donde comienza otra, hay una pequeña laguna donde existe todo un mundo en miniatura: sapos de todos los colores del arcoíris, peces nadando como si siempre fueran vacaciones, lombrices ancestrales, lagartijas risueñas, pequeñas culebras… y las moscas que no faltan.

Comienza la persecución. Elegimos como objetivo una lagartija y nos enfocamos en ella. Corremos pisando flores amarillas y ellas parecen enojarse porque nos mandan sus abejas, que comienzan su lucha instintiva contra nosotros. Nos pican todo: los kamikazes bombardean nuestros cuerpos sucios, con sus aguijones que hinchan la piel con la venganza.

Cuando capturamos la lagartija, la metemos en un tarrito de Mayonesa Fruco limpio y emprendemos nuestro camino, de nuevo, abajo.

Todas las familias que viven por aquí son de origen campesino y tuvieron que dejar sus tierras porque un día fueron a su casa unos hombres vestidos como militares y les dijeron que si no desocupaban sus finquitas en ese momento ellos desocupaban sus fusilitos en medio segundo y no hubo de otra.

Nuestros vecinos, cuando nos vieron bajando con nuestro nuevo juguete, nos dijeron que si no liberábamos rápido la lagartija se nos pelarían las manos y tendríamos que aprender a escribir, a comer, y a limpiarnos el culo con los puros huesitos. Nosotros creímos lo que nos dijeron porque a veces veíamos cómo aprendían del destino rezando con candela.

Nos devolvimos, entonces, rápido a La Loma. Por el camino íbamos comiendo del piso manzanitas y esas horribles moras borracheras. A esta hora ya se comienzan a ver varias cometas colgadas en el cielo: ¡Es agosto! Uno de los mejores meses del año para nosotros, mes donde la luz se corta las venas y cada cinco minutos muere y resucita; mes parado de cabeza donde las estrellas se pueden ver también de día pogueando en el cielo. Al liberar la lagartija ésta nos dijo gracias y nos dejó como agradecimiento un pedazo de su cola.

— Este año tenemos que robarnos más cometas que el año pasado…—comenta mi amigo Bala.

— Sí —dice Taladro, mientras amarra a un extremo de un pedazo de pita una piedra—, por eso tengo un nuevo plan: cuando haya una cometa volando cerca de nosotros, lanzamos esta piedra al aire para que se enrede con la pita, la bajamos y ¡los que corren!

Así lo hicimos. Pero no fue nada fácil: el volador no era nada inocente. Atrapamos el pedazo de pita y no teníamos cómo romperla, ¿quién tiene patecabra? Nadie, hágale con los dientes, mire esa piedra. El hombre era grande y tenía cara de recién salido del ejercito los héroes en Colombia sí existen, detrás de él venía corriendo un niño pequeño, más que nosotros, y parecía no saber que las medallas que había recibido su padre estaban fundidas y confundidas con sangre fratricida. Nos van a coger. Nos tira piedra el hijueputa que piensa que aún está en la guerra y juega con nosotros a las granadas. Nos perdimos porque el niño detrás del soldadito se cayó.

Era un chulo, chulos son los que acechan desde nuestro cielo.

 

Pat Rocha--Guardian Angel
                                                     Obra: Pat Rocha – Guardian Angel
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Cometas y otros animales voladores

La historia muda de RéquieM

 

RéquieM fue una banda de heavy metal madrileña —pero no del Madrid de Obús o Barón Rojo, sino del de Colombia, la patria de los muertos— activa entre finales de los noventas y principios del dos mil; escasamente conocida en la escena rockera del país.

Su único trabajo se titula Historia muda, grabado en 1999, álbum que nunca fue prensado en ningún formato, pero que fue distribuido regularmente de forma pirata. Diez canciones donde el rock and roll y la poesía se mezclan despedazando umbrales y desvaneciendo fronteras estéticas. En sus composiciones, escritas en su mayoría bajo el método de la escritura automática, y con influencia de, entre otras obras literarias, La náusea y Los cantos de Maldoror, la banda aborda hondamente —desde el subconsciente— el tema de la memoria, problematizando el acto de recordar y aludiendo al pasado como una carga que hay que silenciar.

En Historia muda, la libertad habita entre la elección de la soledad y el ser gregario. Hay, por eso, un desgarrado retorno al individuo, en contraposición a la domesticación del consumo: al bienestar efímero; falso. Historia muda nos narra a través de un réquiem, compuesto de silencios.

 

***

Historia Muda

Tras mis manos heridas puedo ver

estrangularse todo el miedo

que he tenido al no recordar

pasados ebrios del tiempo

Las almas de mis lágrimas soñaron

Verterse en máscaras de miseria

Dejando huellas inocentes

con frías marcas de asombro

 

No encontraré

días de luz en mis bolsillos

y veré mi sombra muerta en la pared

 

He visto ejércitos de hombres sin luz

tratando de abrazar sus sombras

que se azotan contra las paredes

dejando grietas que yacerán

 

Encandilando los días de luz

Partiendo piedras con sus manos

Sus palabras llegaron hasta mí

Dejando sólo historias mudas.

 

Dioses de hielo

Después de tanto tiempo

hoy vuelvo a levantarme

entre colores ausentes de color

Vi los días de fuego

con tormentas de héroes

Hoy he abierto mis ojos para poder ver

 

Cómo caen fragmentos

de los dioses de hielo

Escucho gritos de ultratumba

de las víctimas

 

Fue una pobre confusión

del planeta en su final

No hubo más para crear

Me suicidé en un sueño

Dormí por muchos años

El cielo me ha tocado y vuelvo a despertar.

 

Cuando este mundo se cayó

Cuando este mundo se cayó

Cayeron los hombres

Cayeron los dioses

Fueron sepultados en el universo

entre tumbas invisibles

 

Cuando este mundo se cayó

Cayeron los sentimientos humanos

Cayeron todos sus sueños

Sus pesadillas se hicieron posibles

 

Fue cuando el mundo se arrepintió

de ver su propia creación

La  muerte vino y los arrastró

a lo más profundo

de su interior

 

Su cielo azul se derrumbó

Los liberó de su prisión

y destruyó a los que nunca fueron

capaces de vencer sus miedos

 

Estaban lejos de alcanzar

un planeta, eternidad,

Fue un lugar que siempre soñaron

Un mundo que soportara sus vicios

 

Rompió el silencio al despertar

Su furia en él se hizo notar

Él quiso estar en soledad

Cayó con el silencio

y su libertad.

 

 

La historia muda de RéquieM