Presentación del libro ‘Papeles Para Leer en la Cama’

“Y rimando, perdido, por las sombras fantásticas,

tensaba los cordones, como si fueran liras,

de mis zapatos rotos, junto a mi corazón”

Mi bohemia –  A. Rimbaud.

La invitación para realizar esta presentación me llegó preciso en el momento en que, releyendo unos poemas en verso de Rimbaud, comenzó a parecerme una idea áspera hacer un texto sobre ciertas conexiones entre el famoso poeta francés y mi amigo, el poeta usmeño o bogotano, no sé, Michael Benítez.

Espero, antes de abordar los 3 puntos desglosados de manera totalmente arbitraria y desordenada, que puedan disfrutar tanto como yo de los poemas que Michael escribió. Y con esto quiero advertir que esto no tendrá el rigor académico que se espera. El amor que siento por mi amigo haría imposible esa despreciable frialdad que buscan los investigadores “más objetivos”. Quiero decir también con esto que todo comentario sobre la poesía debe ser comprendido, mas no vigilado, como harían los más puristas, mamertos o no. Entonces ahí voy:

1. La poesía de Rimbaud, como la de Michael, es joven. Sí, joven. Se debe comenzar por el lugar común. Pero entendiendo lo joven como una mezcla casi fenomenológica entre recocha, rebeldía y amor. Es decir: entre furor, irresponsabilidad, amor y humor. Es decir: un yo que le da calvazos a la muerte en las izadas de bandera; es decir un yo que tensa los cordones de unos zapatos rotos, junto a su corazón.

1.1. En el poema “Mi bohemia”: el sueño, la soledad, la “vulgaridad” del poeta (un amigo diría: “un poeta casual”), la poderosa capacidad de escuchar a las estrellas, los cordones de unos zapatos rotos son un instrumento lírico que el poeta toca junto a su corazón en el acto desesperado de sostenerse. Concluyo, entonces: amarrarse los zapatos es acompañar el canto del poeta. Ahora, ¿díganme si esto mismo no lo sabe Michael? Es muy insensato decir que Michael es una suerte de Rimbaud rolo, o algo así. Lo que quiero decir es que los poemas de Michael hacen parte de esa selección de poesía donde lo más cotidiano, lo más “vulgar”, lo más casual (diría un amigo), se convierte en experiencia poética.

1.1.1. Me pregunto: ¿los que leen a Michael y sólo leen “irreverencias”, “groserías”, realmente han sabido leer a Rimbaud?

1.2. En el poema Refina-miento Michael ha escrito sobre un personaje que fuma en pipa y pienso que es una broma y al mismo tiempo una rara descripción de los niños precoces, entre ellos a un dios, cruel e insensato, vuelta de un dios católico que ahora es sólo imaginario y que también podríamos llamar como Arthur Rimbaud.

2. Pienso que el libro se llama Papeles Para Leer en la Cama porque sólo en la cama somos un poco más coherentes. Acostados, jalando el sueño desde las cobijas, el mundo se armoniza con nuestra pesada gana de acabar el día. El gran engaño, porque siempre hay un engaño en la lucidez del sueño, tan parecida a la del guayabo, es que nada se arregla. Dormir no es dar tregua al tiempo sino silenciar los movimientos. La cama se ha convertido en un sepulcro neoliberal.

2.1. Leer en la cama es, por tanto, un acto de rebeldía. La gente ahora confía mucho en el yoga y en todas esas maricadas new age que, quieran o no, son las respuestas desesperadas a una lectura profunda y desconfiada de Nietzsche. Estos son, repito, signos de desesperación profunda e inconsciente de la que todos hacemos parte. Lo mismo sucede con la Astrología, con la búsqueda de la verdad en la imagen de la Paccha Mamma. Esas cosas sólo pueden terminar por dibujar la propia silueta de uno, como lo hace un espejo, y uno ahí, desesperado. Leer es trágico, nunca un acto de reordenamiento. Leer es, ante todo, la posibilidad de caer en cuenta de que si no movemos el culo es una güevonada seguirse quejando. No me refiero sólo a la poesía conservadora a la que Michael, queriendo o no, responde, como lo hizo también Rimbaud a esa poesía neurótica parnasiana, conservadora, inmóvil. La poesía de Michael como la de Rimbaud es el culo andando por el mundo.

2.2. Tengo que hablar de los otros Papeles, no importa si digo algo que es mentira. El baño: imagen de descanso, acabar de cagar y decir “no sólo el que se muere descansa”. El bus: imagen de movilidad engañosa, claro, obvio; decir algo como “todos los carros son buses”, o decir algo como “el bus va siempre de Bogotá a Bogotá”. La cama: imagen de abandono, casi dormido, cogido por el sueño; decir “mi lengua no sabe de palabras”, y dicho esto bostezar.

3. En la cama podrá decirse una cosa: es más difícil mentir. El mundo, por fuera de ella, tiene más maquinitas, más plataformas que nos hacen fácil mentir. Hablo de deshonestidad y en el fondo, también, de honor. Las casas llenas de gatos donde precisamente hay una cámara y esa cámara conectada al computador y el computador conectado a Internet y en el Internet el perfil donde la foto del poeta rodeado de gatos habilita la mentira. Hablo de la ridiculez de naturalizar ciertos comportamientos que se creen fundamentales den el poeta; hablo de ese afán ciego e hijueputa de obligar a los poetas a ser igualitos entre sí. Michael sabe que el poeta es susceptible de accionar esa cadena de máquinas, es susceptible de enamorarse del mito, porque en el fondo lo que hace un poeta es similar: el diente en perla, los corazones de la carnicería en amor, y luego las vitrinas. La diferencia es que el poema está indeterminado, tirado hacia el lector como un gato.

3.1. Por eso la cercanía con la infancia, con los niños. Michael escribe en un prólogo a un libro de una niña poeta que los poetas son niños. Algo así. Perdonen la inexactitud. Los niños tienen mala memoria. Por eso llenan los huecos con fantasmas y deseos. El silencio que encuentra expresión en el poema, y el poema es “la quinta pata del gato”.

3.1.1. Por eso el horror ante la decapitación intelectual de los niños en los colegios. Una imagen de castración: el niño sin cabeza, sin deseo. La poesía de castrati, fría, inhumana, perfecta, ideal, es para neuróticos y dictadores. La poesía de los niños rebeldes es para todos, como a todo el mundo le cabe una matada en el culo o un abrazo. En especial a los neuróticos y a los dictadores.

3.1.1.1. Por eso la cama es plataforma honesta. Solo o acompañado se debe ser sigiloso, incluso en los movimientos más bruscos se debe ser sigiloso. En la cama no hay perfección a pesar de que pueda encontrarse exactitud. Pasamos más tiempo de la vida durmiendo que andando por ahí, accionados por la vigilia. La cama es otra imagen de la vida que nos negamos a afrontar. Leer en la cama es un acto paradójicamente revolucionario. Es trágico. Así la cama deja de ser ataúd, como el bus deja de ser sangre seca como el baño deja de ser infértil.

Por José Rengifo

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Foto: José Rengifo en el lanzamiento de Papeles Para Leer en la Cama de Michael Benítez Ortiz

 

***

Acá una pequeña selección de estos Papeles Para Leer en la Cama:

 

ÁRBOLES DE HIELO

 Al niño que habla

I

Siempre me gustaron

los Súper Campeones

los veía todos los sábados

a las tres de la tarde

en el televisor de la casa

el único que había en toda la vereda

 

Era muy chévere:

sudando nos sentábamos

después del partido

mis primos, mis vecinos y el balón

(pues sabíamos que él también era nuestro amigo)

 

Un día, cuando llegamos de jugar

ni mi mamá ni mi papá estaban en la casa

y del televisor surgió una lluvia de moscas

que nos cubrió los rostros

 

No sabíamos qué pasaba:

el cielo se puso rojo

y de las nubes surgieron burbujas de sangre

que explotaron en nuestros ojos

 

De la calle un ruido negro

—y no me digan que no llore—

subía el telón

y dejaba ver la noche:

ellos también jugaban

a los Súper Campeones

y el balón    —su amigo

era la cabeza

de mi padre.

 

II

En el colegio

todos nos la llevábamos muy bien

a pesar de que el gordo

el más grande de todos

era un poquito alzado

 

A veces no nos gustaba estar con él

y en parte se lo merecía

porque nos hacía bataneo

cuando jugábamos con canicas

y le pegaba a los más pequeños

Pero en el fondo lo queríamos mucho

por eso nos dolió tanto

cuando su mamá nos dijo

que se lo habían llevado para el monte

la tarde en que dios olvidó

que también había sido niño.

 

III

Ahora vivimos en Bogotá

y para el que no sabe cómo es

se la voy a presentar:

Bogotá es una ciudad muy fría

pero no me refiero al clima

porque —y no me vayan a decir que es bobo—

para eso hace tiempo se inventaron

la ropa gruesa

y las cobijas:

Bogotá es fría

porque la gente tiene un gran cementerio

en su corazón.

 

LA DECADENCIA DEL SILENCIO

 

Mis sueños cuelgan en los postes de luz

al lado de cometas olvidadas en el tiempo.

 

Esto de no llamar las cosas por su nombre,

que la desnudez no sea quitarse el cuerpo

como una idea fija tatuada a la sombra.

 

Entrar en la poesía es meterse

por la calle más peligrosa del barrio

y el poeta, por paranoico, en todas ve

a la muerte fumando sentada en el piso.

 

Donde se nombre el vacío

ahí está mi cuerpo

—miedo parqueado en la mitad de la noche—.

 

La quinta pata del gato

es el poema.

 

DE LIBRERÍA

I

Sin miedo a ahogarme en fuego

En un vaso de arena

Visito este museo

De palabras fósiles

Esperando que el teléfono con tufo

Sacuda mi pesadilla

 

II

Los poetas hacen perlas

Con dientes podridos

Amor con corazones

De carnicería

Libertad con alas

De pájaros enjaulados

Y luego lo exhiben todo

En las vitrinas

 

III

Burdel hipócrita

Donde las putas

Siempre quieren apagar la luz

Porque tienen los versos

De silicona

 

SIN VER LA CARA A NADIE

 

El asfalto ladra

Se quita de la espalda los carros

Que hacen fila

En los semáforos.

Las ambulancias,

Como mujeres embarazadas,

Se cuelan haciendo escándalo.

El policía les toma fotos a los turistas.

Una anciana fuma nubes grises acostada en el pasto.

Hormigas obreras sudan gasolina

Tratando de tocar el cielo

Y la gasolina tan cara

Dice un periódico en un charco.

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Presentación del libro ‘Cumpleaños del Tiempo´ de María de las Estrellas

 “Ser el niño poeta

es tomar el mundo de la mano

y reemplazar su centro natural”

E.Z.

Podría comenzar comentando que todos los poetas son niños. O que todos los niños ven el mundo a través de la poesía. O que los poetas se resisten, en el refugio del poema, a dejar de ser niños. O que, en todo caso, los poetas tienen en cierta medida una mirada infantil de la realidad —que no es lo mismo que infantilizada— pues se relacionan con el universo con asombro y misterio…

Pero empiezo diciendo que cuando uno conoce un poeta —a través de su obra— es como si conociera un amigo. Sobre todo si éste ya está muerto. Los poetas vivos suelen ser soberbios y estar acostumbrados a la adulación. María de las Estrellas es, tal vez, mi amiga más amiga y también la más silenciosa. En todas mis vidas, o sea en ésta misma repetida, no conoceré otra con inquietudes tan parecidas a las mías; con un desprecio tan amoroso al “sistema”, que aprendimos a quemar con el briquette gastado de la poesía.

El tiempo retrocede y los cigarrillos comienzan a encenderse de nuevo, los amigos muertos abren los ojos; sonríen: la niñez ingenua, con sus canciones, vuelve a alumbrar el planeta belicoso. El cuerpo es ya un traje suficiente para ocultar la desnudez. El amor es moneda falsa en los bolsillos de los títeres. Conocemos el mundo en la tienda de la esquina haciendo mandados (pedimos fiado hasta el pasaporte). Los astros cantan en el cielo sin ser estrellas de rock. Se muere uno un poquito con cada muerto que ignoramos. Le ponemos máscara a la realidad y los otros la llaman poesía. Volvemos al futuro sobre ríos de sombras (y de sobras). Se cansa uno del poema y se lo deja al mundo, acostumbrado a comer hasta mierda, ¡peor para él!

Como ven, María de las Estrellas sigue en silencio. Y yo no me callo. Le grito a su cielo de hongos, lápices y cajitas musicales. Balbuceo para que, entre palabra y palabra, la encuentren a ella.

Michael Benítez Ortiz

 

 

Presentación Papeles para leer en el bus

Por Santiago González

Buenas noches. Como todos aquí bien sabemos, la poesía es una actividad infructuosa y malagradecida. Sobre todo si uno no hace parte de la rosca, no tiene talento o es un romántico masoquista que gusta de comer mierda. Como ganancias quizás encontremos esa perpetua sensación de delirio y la pasajera admiración de algunas señoritas ebrias. Cosas que no están nada mal. Pero la realidad es mucho más sombría: la billetera vacía, el cuerpo enfermo y las ganas intactas. Peor aún, para el mundo “real”, el poeta queda reducido a poco menos que un mugroso hippie. Un tipo vaciado, dotado de una sensibilidad chambona que se la pasa borracho y drogado lanzando injurias contra toda persona o institución que represente un orden. Y que además escribe versos ¡Versos! ¿Nadie les enseñó que podían escribir crónicas o cuentos? Menudos personajes que son los poetas.

Ahora bien, a modo de predicción diremos que el oficio del poeta, para esta segunda década del siglo XXI, será el de seguir bebiendo y ahora, gracias a internet, de componer finos memes para el regocijo del público virtual… ¡Ah! Y publicar de su bolsillo uno que otro libro de poesía, que sólo comprarán sus amigos y algún ingenuo que caiga bajo el encanto de estos embaucadores.

Y es que tenemos que reconocerlo. Quienes estamos aquí reunidos puede que no seamos unos maestros de la palabra. Nuestro vocabulario puede ser vulgar, nuestros versos chambones y nuestros modales bruscos… pero sabemos montar terapia. Y a fin de cuentas ¿Qué es la vida si no una terapia ni la hijueputa?

Una terapia que todos contamos y creemos. La terapia de los manes cayendo, la de las nenas cuando dicen que sólo es un amigo, la del niño que manipula a sus papás, la del juez y el abogado, la terapia de Estado, la Iglesia, el periódico y el centro comercial. Tantas terapias, tantos cuentos que nos han contado, muchos que hemos creído y muchos otros que no.

Y vean que desenmascarar todos estos cuentos es fácil. Un ejemplo claro: todos estos libros, todos estos billetes, todas las facturas y antologías son papel. Papel como el que utilizamos para limpiarnos el culo.  Papel que por una u otra terapia cobra un valor, tiene un significado.

Papeles, papeles llenos de terapia, papeles de esos que se leen en un baño, en un bus, como el libro que publicó Michael, un libro que retrata lo que es  vivir con la poesía y utilizarla para lidiar con este mundo de mierda, con las ganas de culiar, con la violencia, con la infancia perdida. Una terapia que vale la pena leer, no porque sea la cúspide del verso contemporáneo, porque eso ya lo hace el rap (y mucho mejor, por cierto) sino porque es sincero, porque proviene de las entrañas y sobre todo, porque es corto y ameno. Créanle al título cuando dice que son papeles para leer en el bus.

Para terminar quiero decirles que le compren el libro al chino. Juramos sobre lo que quieran que no lo vamos a gastar en chorro… y ustedes son unos maricas si nos creen. Buenas noches y disfruten de esta vaina.

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Rumbo a Sibaté de Andrés Chacón Urrego

 

Ediciones con Tinta Ebria no tiene estética conocida, además, porque lo único que sé de estética es que existen unos centros de esos llamados Paola’s o Yurbleidy´s donde se ponen las tetas y los culos las musas de los traquetos; y ninguno de nosotros tiene los versos de silicona.

Rumbo a Sibaté, del abogado e hincha de nacional Andrés Chacón Urrego, es un libro de poesía romántica, escrito, en su mayoría, a las putas de la 57 con 15 y a otros de sus amores de viernes. Ediciones con Tinta ebria es crossover… pero no a lo D.R.I. (banda de thrash metal), sino a lo 14 cañonazos bailables; por eso lanzamos los libros en diciembre y profundizamos en todos los géneros y estilos literarios, así que usted seguro encontrará algo de su gusto si lo busca con la paciencia de quien busca su categoría favorita en Cumbiaporno.

Chacón es un amigo cercano al parche de la Ebria, sobre todo cuando necesitamos que se ponga la corbata de abogado y nos saque de la UPJ, donde nos llevan por tomar en los parques de la ciudad hasta altas horas de la noche, y resistirnos a soñar dormidos porque necesitamos secretear con los árboles escuchando Los árboles y sintiendo “el secreto de la vida” en su música.

Los invito, pues, a leer Rumbo a Sibaté, sin “picarse a locos” como barrista de nacional… Y, recuerden, que la policía nunca es “La policía del amor”, pero, en cambio, decir poesía de amor, es algo redundante.

 

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Presentación del libro Todas mis cosas en tus bolsillos de Fernando Molano Vargas

Ediciones con Tinta Ebria publica Todas mis cosas en tus bolsillos de Fernando Molano Vargas, un libro de poesía honesta: libre de artificios y malabarismos retóricos; poesía sin maricadas (valga la paradoja). Lo hace después de veinte años de ser lanzada su primera y única edición, pues sabemos que es un libro inconseguible en todas las librerías bogotanas: callejeras, de libros nuevos, usados, “el que escoja a dos mil”… Podemos decir, además, aunque a nadie le importe, que nos ha sido imposible robárnoslo de la Biblioteca Nacional donde, seguramente, nadie lo lee.

Esta edición pirata la hacemos, no sólo con el fin de “rescatar del olvido” la obra poética de Fernando Molano, sino de tenerla disponible para quienes ya la conocen y, al igual que nosotros, no han podido comprarla… ¡ni robársela!

Disfruten: lean sin el condón de los prejuicios que acá sólo se infectarán de vida, pero, también, sin esa “militancia”, a veces morbosa, con lo gay, a la que Fernando Molano criticó y con la que tomó distancia; porque, el verdadero valor de su obra, trasciende el tema de la sexualidad para convertirse en un profundo testimonio humano, acerca de la muerte, la infancia y, por supuesto, el amor.

  

Michael Benítez Ortiz