Los impostores de Rock al Parque

 

Se cancela el show de Gillman, por razones políticas, en Rock al Parque, situación que indigna a muchos de los rockeros colombianos. No debería indignar a nadie más. Si un chavista lo hace, es por circunstancias ajenas a su música. Si un antichavista se muestra satisfecho, también lo hace desde una posición externa al arte. Dicotomías simplistas, de amigo-enemigo, no tienen espacio en el Rock and Roll.

            No se trata, como creen muchos, de que Rock al Parque sea un escenario apolítico que dé cabida a todas las propuestas estéticas dentro del rock. Eso se obvia. Porque en el ser humano —de Aristóteles a Foucault, y antes y después— no hay nada apolítico. Lo esencial es hacer una diferencia, una separación, entre el autor y su obra. Cosa que tienen clara los rockeros pero, parece que no, algunos chavistas y antichavistas.

En Colombia nos hemos acostumbrado al discurso del odio, de la creación de un enemigo, porque ha sido sumamente práctico en la política. Todos caen. Pero el rockero —sin ser un abstraído, sino por el contrario, por tener sus botas en la realidad— no se deja engañar de estos impostores.

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                                                                      Gillman y Elkin Ramírez
Los impostores de Rock al Parque

La inútil

 

Te busco

bajo desiertos de sombras

La noche habita entre los dos

cuando los relojes se ahorcan en el tiempo

Esos besos sabor a chicle

son la raíz cuadrada del silencio

 

Te busco

en los espejos, los charcos, los buses

en la palma de mi mano

a la salida de colegio

Te busco inútilmente

Inútil

poesía.

la inútil
                                                                         Obra: Remedios Varo
La inútil

Las cicatrices de la noche

Para Cristian Jhulian Callejas

En memoria

 

Nos emborrachábamos y nos orinábamos en la vida

—En la nuestra—

Con la humildad de los cigarrillos de cincuenta

Nadie comprendió conmigo tan hondo

lo ridículos que se ven esos poetas

en las fotos con sus gatos

Me decía: “Usted es un poeta piojoso

por eso es el único que me cae bien”

 

La noche tenía cicatrices en su rostro

y nos escupía monedas para la vaca

que metíamos en nuestros bolsillos rotos

 

Yo agacho la mirada y agarro por el camino más largo

si veo la muerte

bailando desnuda

en cualquier esquina

 

El recuerdo derrumba las calles

Hay un terremoto con epicentro en mi corazón

Créeme

Yo dejé de creer en Dios cuando comencé a creer en mis amigos

Por eso hoy me siento en la orilla de la soledad

y te traigo a mí

para que me enseñes a volar

ya que nunca aprendí a montar cicla.

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                                           Fumando cigarrillos de 50, con Callejas, en el Planetario
Las cicatrices de la noche

Elkin Ramírez, un poeta del rock colombiano

Poeta no es sólo el que hace versos. Hay algo mucho más allá. Es paradójico pero el último lugar donde se deben buscar los poetas es en los libros de poesía: es pura coincidencia que uno los encuentre allí. La poesía está en otra parte. En el rock and roll, por ejemplo.

Creo que muchas personas tienen una tendencia necrófila en cuanto a los artistas: gustan más de ellos cuando están muertos. Éste no es el caso.

Hablar de Elkin Ramírez es hablar de Kraken. Hablar de la obra de Elkin Ramírez, como poeta, es hablar de las canciones de Kraken como poemas. Y es que eso son. Ramírez era una persona culta, con múltiples lecturas encima, que se pusieron en evidencia a la hora de componer sus canciones. Siento, por ejemplo, una relación de la canción “Soy real”, del álbum Kraken I, con Platón y su “Alegoría de la caverna”. Sé que “Hijos del sur”, del tercer long play de Kraken, estuvo fuertemente influenciada por Eduardo Galeano y su obra “Las venas abiertas de América Latina”… Y así podría citar algunas de las lecturas de Elkin Ramírez, entre las que se cuentan las de los autores colombianos Fernando Vallejo y Gonzalo Arango. Pero lo que quiero es hacer una relación Kraken-poesía, no puramente literaria, sino más bien vital.

Disco tras disco Elkin Ramírez, mediante letras profundamente realistas —pero no de un realismo ramplón—, quiero decir con “realistas” que sus liricas siempre cantaron a nuestro contexto, a nuestros problemas cotidianos, y fueron una invitación a enfrentarnos a nosotros mismos. Por eso, cada quien tuvo una experiencia particular con Kraken; muy personal en todo caso. Habrá quien se enamoró escuchándolos, a quienes les mostró el camino del rock and roll como un proyecto de vida trascendente, quienes probaron con ellos lo que era un concierto de rock, etc. Lo que sí puedo decir, con certeza, es que ninguno de los “fanáticos” de Kraken ha quedado impune después de haberlos escuchado; algunos, incluso, hablarán de un “antes” y un “después” de Kraken.

Se nos fue Elkin, la muerte llega inexorablemente. Pero queda Kraken: su música, su poesía, ésa que representa el sueño colombiano, latinoamericano; porque desde lo local se llega, también, a lo global, y el rock and roll siempre será el lenguaje universal por excelencia.

 

…Creer e imaginar

Que todo lo nuestro no tiene final

Que lo eterno es el sueño

De la realidad…

Elkin Ramírez, un poeta del rock colombiano

Por la poesía

 

Con su trapero

he secado el charco de babas

que deja la muerte en mi casa,

cuando duerme en mi cama,

y lo he sacado a la calle

para que hidrate árboles moribundos

 

Con sus puntadas

aprendí a coser el sueño a mis huesos,

a prender mis cigarrillos en el sol

—cuando se me pierde el encendedor—

sin quemarme el pelo

 

Y no importa que la noche abandone el cielo para eyacular en mi sangre y ponga mis glóbulos-rojos pálidos de vergüenza

porque por ti sé que dios no contesta

las llamadas por cobrar

que le hacen los pobres,

y que el tiempo no se mata

con la única arma de dotación que nos dan:

la palabra,

esa pistola de juguete

 

Y también sé que escupo ceniza

pero por ti

me rebelo

ante ella…

Como el niño que decide

que antes que morir una vida que no es suya

es preferible ahorcarse

con el cordón umbilical.

 

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                                                                    Obra: Sarolta Bán

 

Por la poesía

Sobre el “Primer encuentro de poesía trasgresora”*

Para Andrés Santana

Toda la poesía debería ser trasgresora en sí, romper con el lenguaje, la convención, la tradición, la norma; la cotidianidad.  No sé si a nosotros (a mis amigos y a mí) nos dicen trasgresores por romper un montón de botellas, borrachos, o por hacernos vetar de todos los lugares donde leemos (esperemos que eso hoy no pase). Porque para romper botellas y hacernos vetar no necesitamos dárnoslas de poetas. Es más, les voy diciendo —para que algunas muchachitas se me vayan desilusionando— que yo no soy ningún poeta: yo soy es un rockero.

Señoras y señores, humanos y humanas, personos y personas, el alcoholismo no es un problema estético, sino un problema de salud pública. Emborracharte todos los días no te hará “maldito”, ni escribir como Hemingway si no tienes talento, por lo mucho terminarás matándote como él. Ni siquiera a Diomedes Díaz llegarás, así te huelas la Sierra Nevada de Santa Marta sembrada en una llave.

Nosotros no necesitamos de la pose de “malditos” o “trasgresores” para hacer la vaca de a mil pesos y comprarnos media de Old John, porque sabemos que todo trago es bendito si nos lo bebemos en la compañía de los socios, los amigos, sin importar que sea bajo el techo agujereado del cielo. Por eso, bájense de esa nube los que piensan que nos importa su farándula poética, sus poetas “malos” o “buenos”, su poesía “oficial” o “trasgresora”… o quizá mañana, a media noche, los baje una bala perdida de esas que se confunden con los voladores.


* Texto leído el 30 de diciembre de 2016 en el “Primer encuentro de poesía trasgresora” de donde, efectivamente, nos vetaron.

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Sobre el “Primer encuentro de poesía trasgresora”*